SOCIALISMO DESDE ABAJO



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Sin pobreza no hay riqueza 


15/12/2023 | 243 vistas | Patricia Fuentes P.







Qué complejo resulta entender y comprender toda una masa de siglos de mentiras montadas y presentadas en nuestra historia, un país, una patria, una institucionalidad forjada en el engaño, el miedo, la inferioridad, la subordinación, la colonización, la civilización, el patriotismo, la bandera, y, tantos otros signos, palabras y símbolos creados para la dominación. Para hacernos creer que somos seres humanos libres, civilizados y democráticos por tener elecciones populares cada cuatro años, según lo estipula la institucionalidad democrática con sus poderes legislativo, ejecutivo, judicial, y, con unas élites gobernantes funcionales a todo un proceso histórico arraigado en la colonización.

En consecuencia, vivimos hoy envueltos en una nube de oscuridad, la cual nos hace confundir el verdadero sentido de las palabras adornadas por los políticos, intelectuales, politólogos, religiosos y nuestro propio pueblo.

Dicho lo expuesto, esta idea que detallo a continuación pretende aclarar conceptos que creo básicos para comprender la necesidad de levantarnos por sobre esta nube del oscurantismo criollo del capitalismo chileno. 

Una de las cuestiones a considerar al observar el país, sus cambios, ajustes estructurales y modelo de administración del sistema neoliberal que nos decía y dice: es necesario el crecimiento económico para distribuir la riqueza (las políticas del chorreo) y alcanzar el pleno desarrollo.
O, con el paso del tiempo frases tales como “crecer con equidad”, “necesitamos de la inversión extranjera para seguir creciendo”, “una economía política abierta al exterior”, “necesitamos innovar (I+D)”, “integrarnos a la modernidad y tecnologías a través de los distintos tratados de libre comercio”, y una interminable normativa y leyes que sustentan una política económica de exfoliación y explotación de la riqueza más preciada de toda nación, su clase obrera, y la más reciente militarización del estado chileno en el Wallmapu que apunta a un estado policial con medidas y normativas de seguridad nacional. 

Que, solo apuntan a la desmovilización de las organizaciones sociales, su represión y medidas ejemplificadoras de encarcelamiento, como acontece con los weichafe mapuches condenados sin pruebas fehacientes y con testigos con capucha.

Todo un nuevo avance de la política nacional de seguridad, que con su brazo de telecomunicaciones (televisiva y radial) muestra cada día más de treinta minutos de delincuencia en los canales abiertos del país con un nivel de agresividad que lamentablemente cuela en las mentes de la población, pues, todos perciben una sensación de temor frente a dichos delitos.

¿Qué provoca en la población?, apoyar las nefastas políticas públicas de mayor seguridad ciudadana, para erradicar el micro y macro tráficos, el sicariato en las poblaciones, pero, sólo son el circo romano de la política chilena, dado que jamás se contratarán carabineros ni tampoco se comprará mayor tecnología de equipamiento policial para actuar en contra de la real delincuencia, sino más bien todo lo contrario, reprimir al pueblo de los alzamientos, protestas y rebeliones populares. Ejemplo de ello los mutilados, muertos y víctimas de Octubre de 2019.
Así es como opera la nube del oscurantismo criollo capitalista chileno o los nuevos colonizadores gobernantes sin corbata y su pléyade de ministros, dirigentes sociales, sindicales y un largo etcétera. 
 

En términos concretos y resumidos podemos decir que, en los procesos históricos más recientes, en el período de Salvador Allende G., el país profundiza su modelo económico Industrialización para la Sustitución de Importaciones (ISI), con una política redistributiva basada en la nacionalización de distintas actividades económicas (industrialización) como, recursos naturales, la banca, el agro y otros, alcanzando el sector manufacturero su tasa más alta de un 17% en 1970, según lo señala Solimano (1).

Para posteriormente vivenciar el modelo neoliberal de los Chicago Boys con una tiranía cívico-militar que facilita las reformas estructurales macroeconómicas prometiendo el desarrollo del país. Claro, un desarrollo para las élites inversionistas (nacionales y externas) y políticas, pues, ocurre el proceso de cambio de propiedad, el desmantelamiento de la industria estatal, y del modelo económico y social a través de las privatizaciones, la liberalización financiera, el aumento de las exportaciones y de la competencia interna, desregulando y liberalizando los mercados, la creación de sistemas tributarios para la inversión extranjera. 
 

Es decir, lo que busca el sistema implantado y seguido como una biblia por los ortodoxos partidos de la Concertación, Nueva Mayoría, Piñerismo y Frente Amplio, no es otra cosa que seguir profundizando las venas abiertas del país, buscando una mayor tasa de crecimiento, disminuyendo los costos individuales laborales con la desregulación laboral afectando las relaciones laborales, aumentando la precariedad laboral y la pobreza laboral, ampliando las brechas de un crecimiento desigual, ampliando la heterogeneidad productiva (desigualdad entre el gran empresariado y las Pymes) y de trabajadores (de alta y baja cualificación). 
 

Entonces, podemos decir que la alegría de los arcoíris, la justicia en la medida de lo posible, las carreteras concesionadas, la gratuidad de la educación universitaria, la educación inclusiva, la profundización del mercado de capitales para el acceso a los mercados internacionales de financiación y una mayor competencia local del mercado financiero, y la más actualizada versión de toda una historia de colonización y colonizadores jóvenes y sin corbatas, declarados de izquierdas, son tan solo una versión de moda profundizada y tecnificada de los pilares de un modelo capitalista genocida y antidemocrático.

Si bien, lo antes expuesto ha sido dicho y/o escrito por muchos, creí necesario recordarlo para poner en contexto y entender el modelo que vivimos actualmente. Que nos confunde entre aquel pueblo que gana un sueldo mínimo y compra sus alimentos en el supermercado en módicas cuotas con la tarjeta de crédito y que pasa a engrosar la llamada pobreza laboral, y, que al respecto una importante institución internacional como la Organización Internacional de Trabajo entre sus numerosos estudios socialdemócratas señala: “La pobreza puede producirse cuando, con el propio trabajo, se es incapaz de generar ingresos suficientes para mantener un nivel mínimo de vida. Por tanto, el alcance de la pobreza puede apreciarse como resultado del funcionamiento de los mercados del trabajo” (2).

Y, el otro pueblo que utiliza la tarjeta de crédito para salir de vacaciones, que está sobre la línea de la pobreza, pero, que, sin embargo, al más mínimo desequilibrio económico por convulsiones internas o externas llega a la pobreza laboral o simplemente de pasar a tener un empleo formal conoce la informalidad.

Y, nuestro mercado de trabajo es completamente capitalista en extremo, pues, el capital es esencial para la generación de riqueza a través de su acumulación, y frente a la pobreza de la clase obrera debemos entender que es el sistema capitalista quien determina las relaciones de producción siendo la política económica su herramienta de dominación y subordinación con el peso de su institucionalidad, (leyes, diferenciaciones socioeconómicas, ideologías, formaciones y/u organizaciones, vida social), que afectan los intereses de la fuerza laboral y la propiedad de los medios de trabajo que descansan en la propiedad privada, otro sacrosanto mandamiento capitalista. 
 

La propiedad privada es el dogma cristiano que debemos asumir sin cuestionamiento y todo aquel que se levante o le cuestione será quemado en la hoguera del infierno de Dante, la verdad, ¿qué culpa tiene Dante el haber escrito la Divina Comedia con sus tres cánticos: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso? Claro que ninguna, pero sirve para entender cómo el capitalismo y su superestructura de poderes económicos, políticos, culturales, sociales, empresariales, educacionales, judiciales, policiales, militares y de corrupción institucionalizada, transforma todo tipo de relaciones (sociales, laborales, comerciales) en nichos de mercado económico de libertad de elección y de producción representada por los sectores dominantes de la vida social, es decir, cada vez menos estado y más desregulación.
Ejemplo de ello, sería el proyecto de Milei, presidente electo de Argentina, solo que en Chile esto lo venimos padeciendo desde la tiranía (50 años). 

Sin embargo, la cruda realidad de la pobreza laboral del país nos lo señala un informe de la Fundación Sol (3) que utilizando como información base la Encuesta Caracterización Socioeconómica Nacional CASEN 2022 (4) y Encuesta Suplementaria de Ingresos 2022, señala:
“la Línea de la Pobreza (LP) por ingreso para un hogar promedio de cuatro personas, determinada por el Ministerio de Desarrollo Social y Familiar (MDSF), fue de $572.269 líquidos. Y la mediana del Salario Mínimo (SM) fue de $594.217, esto quiere decir que el 48,5% ni siquiera podrían sacar a un grupo familiar promedio de la pobreza y se hace obligatorio que al menos dos personas trabajen en el hogar”.

Para ahondar esta realidad, podemos señalar que el SM a abril, mayo y septiembre de 2023 alcanzó a $410.000; $440.000; y $460.000 respectivamente.
Podemos decir, que esos son los logros de los gobiernos concertacionistas y sus derivadas a la fecha, que con tanta parafernalia anuncian cada año cuando se reúnen a negociar en conjunto con el gran empresariado y con la Central Unitaria de Trabajadores, pero claro, no debemos olvidar y entender que en esta negociación una vez más surge otro sacrosanto mandamiento capitalista: proteger el crecimiento económico de los inversionistas, o también conocido como aumentos en el SM provocaría aumentos en las tasas de desempleo puesto que, los aumentos salariales sobre la productividad no permiten el crecimiento económico tan esperado pasa salir del subdesarrollo, ya que lo buscado por los agentes negociadores del SM es el crecimiento con equidad.

Pero, pese a lo antes señalado la élite política y empresarial celebra la incorporación al Tratado Transpacífico (TPP11) y la llegada de nuevas inversiones, tecnologías, innovaciones, ciencias, establecer políticas públicas de creación de empresas, dar más trabajo y por ende aumentar los SM, mayores exportaciones, vale decir, el TPP11 es la obtención de grandes ganancias en lo comercial y el tan apreciado crecimiento económico y pasar a ser un país desarrollado. Pero ¿de qué estamos hablando? 

De más miseria, cero conocimiento y/o innovación (I+D, investigación y desarrollo) y pobreza obrera, puesto que el TPP11 no viene más que a beneficiar las grandes inversiones capitalistas extranjeras y nacionales, las llamadas transnacionales, ya que al existir los derechos de garantías de retorno de las inversiones nada podrá realizarse en las políticas públicas como, por ejemplo, establecer una política de industrialización, fijar royalties mineros, aumentos salariales, mejoramiento de las relaciones laborales, nuevos conocimientos, y, cualquier interferencia pública. 

Entonces, no creamos en las palabras y discursos de quienes tienen el poder, puesto que, el TPP11 y la agenda de seguridad nacional es una condena al subdesarrollo, las migajas, la miseria, a seguir siendo una economía extractivista en defensa de los intereses transnacionales. Y, por tanto, debemos entender que sin pobreza no hay riqueza

(1) Solimano, A. (2018), “Estrategía de desarrollo económico en Chile: Crecimiento, pobreza estructural desigualdad de ingreso y riqueza”, pp.72. Chile del siglo XXI: Propuesta desde la economía.
Disponible en: https://www.alainet.org/es/articulo/195097

(2) Organización Mundial del Trabajo OIT (2020), “Que es un salario mínimo”. Disponible en: https://www.ilo.org/global/topics/wages/minimum-wages/definition/lang-- es/index.htm. 

(3) Fundación Sol, estudio “Los verdaderos sueldos de Chile", P.19. En base a microdatos Encuesta Suplementaria de Ingresos 2022 del Ministerio de Desarrollo Social y Familiar (MDSF). 

(4) Casen 2022, señala que el total de pobres del país equivale a un 6.5% de la población (1.291.824), distribuída en 2% de pobreza extrema (397.608), 4,5% de pobreza no extrema (894.216), y, 93,5% de no pobres (18.572.834).  

 







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