SOCIALISMO DESDE ABAJO



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Imperialismo, el petróleo y el secuestro de Nicolás Maduro.


09/01/2026 | 100 vistas | miguel silva







Imperialismo, el sistema global petrolera y el secuestro de Nicolás Maduro.
 
El ataque de Estados Unidos a Venezuela es un ejemplo de la política imperialista que el estado norteamericano analizó en su documento de “Estrategia de la Seguridad Nacional” recién publicado.
Es decir, es un paso en la solidificación del bloque geopolítico que quieren formar con los países del “Occidente”.
Otro paso es sacar afuera los países que se están metiendo en “su” hemisferio y como prioridad, enfrentar el hecho que China es el poder que tiene más comercio con los países de América Latina.
 
La historia de intervención norteamericana en América es larga y violenta.
 
Ya hace dos siglos, preocupado que los poderes europeos intentaran apoderarse de los estados latinoamericanos recientemente independizados, el presidente norteamericano James Monroe anunció en 1823 una nueva política nacional. No se permitirían nuevas colonias en América y las potencias europeas no deberían interferir en los asuntos del hemisferio occidental.
 
Al principio, esa política integraba el apoyo a la democracia frente a poderes imperialistas, pero luego los mismos norteamericanos utilizaron la doctrina Monroe en 1848 para apoderarse de la mitad del territorio de México y luego aceleró su imperialismo en la guerra hispano-estadounidense de 1898.
 
Por su parte, en 1902, Gran Bretaña, Alemania e Italia enviaron flotas para exigir el pago de deudas al gobierno venezolano, encabezado por el presidente Cipriano Castro.
 
Acto seguido, el presidente estadounidense Theodore Roosevelt declaró en 1904 un «corolario» a la doctrina Monroe, en que podría haber intervención norteamericana en los asuntos internos de los países de América Latina.
Luego, Estados Unidos impulsó un golpe de Estado en Venezuela en 1908, derrocando al presidente Castro e instalando en el poder a su vicepresidente y antiguo partidario Juan Vicente Gómez. Gómez pidió a Estados Unidos que «estabilizara» el país y se le permitió gobernar como dictador durante más de 25 años.
La revista Time comentó que «Las policías secretas de Alemania, Rusia e Italia son organizaciones notables. Pero palidecen ante la del dictador Gómez».

La fuerza militar fue usada múltiples veces para garantizar los negocios internacionales de empresas norteamericanas. En 1935, el general de división del Cuerpo de Marines norteamericanos Smedley Butler declaró:

«Pasé la mayor parte de mi tiempo como matón de alto nivel para las grandes empresas, Wall Street y los banqueros. En resumen, fui un mafioso, un gánster al servicio del capitalismo.
Ayudé a que México, y especialmente Tampico, fueran seguros para los intereses petroleros estadounidenses en 1914.
Ayudé a que Haití y Cuba fueran lugares dignos para que los chicos del National City Bank recaudaran ingresos.
Ayudé a la violación de media docena de repúblicas centroamericanas en beneficio de Wall Street.
Ayudé a limpiar Nicaragua para la casa bancaria internacional Brown Brothers entre 1902 y 1912.
Llevé la luz a la República Dominicana para los intereses azucareros estadounidenses en 1916.
Ayudé a hacer de Honduras un lugar adecuado para las empresas frutícolas estadounidenses en 1903. En China, en 1927, ayudé a que Standard Oil siguiera su camino sin molestias.
Mirando atrás, podría haberle dado algunos consejos a Al Capone. Lo mejor que logró hacer fue operar su negocio ilegal en tres distritos. Yo operé en tres continentes».
 
Venezuela fue parte de estas operaciones. Eduardo Galeano, en su obra maestra Las venas abiertas de América Latina, describió con gran claridad un país destruido por las intervenciones occidentales. «Casi la mitad de las ganancias que los capitalistas estadounidenses obtienen de América Latina provienen de Venezuela».
 
 
El petróleo y Hugo Chávez
 
Sin embargo, gobiernos pro estadounidenses y anticomunistas nacionalizaron la industria petrolera de Venezuela en la década de los 70’ y reorganizó la extracción del petróleo a través del Estado.
 
Cuando Hugo Chávez llegó al poder, su renegociación de los contratos de la extracción del petróleo aumentó las regalías, la empresa nacional PDVSA afirmó su control mayoritario del proceso y el Estado reclamó una mayor parte de las rentas.
Sin embargo, durante años se conservaron los mercados, la propiedad privada siguió siendo dominante fuera del sector petrolero, el capital extranjero siguió operando en el país y la economía siguió dependiendo en gran medida de las exportaciones de materias primas.
 
En fin, aunque el Estado amplió su papel como gestor y distribuidor del petróleo y de sus ganancias y algunas empresas norteamericanas se marcharon, otras (como Chevron) se quedaron. Mientras que el negocio del petróleo seguía siendo rentable, el propio Estado tenía los recursos para mantener sus ingresos, financiar el gasto social y por ende respaldar su legitimidad.
 
Estados Unidos siguió siendo el principal socio comercial petrolero de Venezuela durante varios años, hasta la imposición de las sanciones en 2019. Sin embargo, esas mismas sanciones limitaban la producción venezolana, las refinerías de la costa del Golfo que habían sido construidas y ajustadas durante décadas para procesar el crudo “pesado” de Venezuela, tuvieron que recurrir a alternativas más costosas o menos compatibles.
El poco petróleo que salía del país bajo las sanciones llegaba al mercado chino, aunque el crudo venezolano representa solamente un 4% del consumo total de petróleo de China


Imperialismo, el petróleo y e



El petróleo y el secuestro de Nicolás Maduro
 
Es más fácil entender el tipo de relaciones que Trump tiene con Delcy Rodríguez, nueva presidenta de Venezuela, cuando sabemos que Venezuela aún debe a las empresas petroleras estadounidenses ConocoPhillips y ExxonMobil más de diez mil millones de dólares por expropiaciones anteriores.  Otros analistas han comentado que la deuda es más alta y se basa en los 45 mil millones de dólares en concepto de “daños y perjuicios” por la reestructuración de contratos  alrededor del año 2000.
 
Incluso, empresas globales “Hedge fund” esperan que el secuestro de Maduro acerque a Venezuela a una reestructuración de la deuda, y andan comprando (según el diario Financial Times) papeles de aquella deuda como un buen negocio porque su precio debería subir.
 
Al “eliminar” Nicolás Maduro, pero seguir con buenas relaciones con otros sectores del estado venezolano, la administración Trump creó las condiciones para restaurar un flujo estable y a gran escala del crudo pesado bajo un acuerdo político renovado que permite que los negocios sigan su camino acostumbrado. Incluso, las multinacionales petroleras norteamericanas pueden ocupar las deudas como crédito y así gastar menos; hasta ahora, tenían que pagar licencias para sacar el crudo de la tierra venezolana.
 
En otras palabras, el ataque norteamericano se parece mucho a una “adquisición hostil” de una empresa— en el sentido que la fuerza se utiliza no para destruir la empresa, sino para instalar una gestión de confianza.
 
El secuestro de Nicolás Maduro encaja perfectamente en ese sentido porque representa una reconfiguración de la autoridad, no una ruptura con el modelo económico existente. La economía petrolera permanece, solo cambia su marca política. Lo que sigue es un sistema en el que los poderes (que se llaman la “bolicracia” en Venezuela) negocian los cambios, aumentaría la extracción y transporte del crudo, las refinarías norteamericanas van a funcionar al máximo y se eliminará el envío de petróleo a China.

Mientras tanto, China está negociando nuevos contratos de compra de petróleo y gas con países árabes, con Irán y con Rusia. Es en ese sentido que, en vez de vencer la competencia con China, el ataque norteamericano va a diversificar las relaciones comerciales chinas con otros países, incluso en precios de divisas distintas al dólar norteamericano.
 
En fin, lo que Chevron y Mobil exigen, más que nada, para invertir sus billones en Venezuela y sacar muchos más billones en ganancias, es la estabilidad, y “estabilidad” no significa democracia sino control desde arriba. Y parece que Trump ha apostado que un gobierno dirigido por Delcy Rodríguez va a garantizar esa estabilidad mientras elecciones y cambios abruptos sería una opción “riesgosa”.  Sin embargo, ese escenario podría cambiar si Delcy Rodríguez  no sigue las reglas del juego político que Trump quiere.
 
El petróleo es el canal a través del cual se impone, reordena y legitima el poder del capital estadounidense.

 







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